Solo dos personas me hicieron sentir un hermoso ser humano, y la verdad los extraño con el alma. Pero eran otros días y otras vidas. Me incluyeron en todo lo que hacían, me sentí especial, a alguien le importaba. Yo existí para esas dos personas. Uno fue borrado por el tiempo, el otro mi Lord (por llamarlo como merece) ha cambiado mucho; irreconocible en estos días, muy poco queda del personaje que en aquel entonces era. Formé parte de tantas historias y tantas canciones que me sentía tan querida y que podía tenerlo todo en mis manos, lástima que esos inviernos pasaron pues por más tristes y problemáticos que fueran ellos estuvieron ahí. Fueron capaces de sacarme la sonrisa y los gritos de alegría cuándo yo solo trataba desesperadamente de ayudar a los demás pues creía por sobre todo que para mi mal no había solución, pero ellos llegaron. La primera persona me enseñó lo maravillosa que es la vida, lo hermosa que se torna la humanidad, curó por un tiempo lo que tenía pero alimento mi dolor cuando tuvo que marcharse y seguir su camino.
Podíamos escuchar melodías tan tristes y sentirnos tan felices, pasar momentos increíbles y llorar de felicidad. Lo podíamos todo, hasta que su tinta llegó a manos de otras personas y yo ya no era la única, muchas veces tuve que marcharme para dejarle el espacio a él y sus "invitados". Yo por mi parte sin mucho que hacer atraía gente, devoraba sus suaves cuerpos y les arrojaba al abismo, pues solo satisfacía mis propios intereses, lo admito centenares de veces fui egoísta, lastimé gente que no lo merecía mientras a algunas otras no les importaba eso era lo primordial, pero me topaba con gente que se creían enamorados. ¿De qué más podría enamorarse uno?, si no es del cielo nocturno, de la Luna y su espesa y fría soledad. Desgraciada yo pero más aún mi amado Lord pues él me lo enseñó todo. Pobre de mí, en esa casa solo alimentaba mi estómago con letras y sentimientos, acompañando todos esos maravillosos momentos de hermosa música, maravillosa música. Pero esas letras ya no eran para mí, ese piano ya no se tocaba para mi, yo estaba al final, al final de todo sin nada y con los brazos extendidos y él jamás volvió a cargarme, yo ya había crecido lo necesario y podía caminar entre la espesura de la niebla.
Entonces así una noche salí a tomar aire fresco, lo más que mis pulmones y estómago pudieron soportar, y exhalé. Caminando me alejé de la entrada, nada tenía que perder pues ciertamente estaría mejor sin nadie, las lágrimas inundaron mis ojos y apresuré el paso hasta volverse una carrera; cuando creí estar lo suficientemente lejos, volteé presurosa y ya tan solo distinguía la chimenea despidiéndose de mi.
Me gustaría poder plasmar aquí algún trabajo de mi maestro en aquellos días, pero justo ya no los tengo más ni en el recuerdo.
[...Muchos dormimos esperando que lo acontecido la noche anterior, solo haya sido un mal sueño...]












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